Cuando hace frío y llueve dan ganas de huir hasta del propio entierro. Pincha en la imagen y escucharás cómo los alumnos de Cuarto ponen la música a un cortejo fúnebre muy incómodo que hace tomar al muerto la mejor de las decisiones la madrugada del 1-1-11.
Ten cuidado por las noches. Puede que te encuentres con él. ¡Feliz Halloween!
Se acerca la Noche de Difuntos. ¡Cómo pasa el tiempo! Parece que fue ayer cuando con motivo de la cada vez más extendida fiesta de Halloween, publicábamos en Baquetas un post en el que los chicos de Cuarto de ESO interpretaban la Marcha fúnebre de Chopin. ¡Y ya hace un año! Para no perder la sana costumbre de celebrar con música, hemos hecho este curso un arreglo de otra pieza con ritmo de marcha fúnebre: el lied La muerte y la doncella de Schubert.
El título es lo suficiente revelador para suponer el argumento, pero por si vuestra imaginación necesita más datos para "visualizar la música" os he puesto el texto traducido en el wix que podréis ver pinchando la imagen de abajo y en el que van las grabaciones de la pieza original y de nuestra versión. El aire macabro lo hemos acentuado utilizando el editor Audacity y superponiendo a nuestra interpretación otras pistas con "efectos especiales".
Como conclusión a esta serie de post dedicados a Halloween os dejo aquí la grabación que realizamos el viernes 30 de octubre en clase de 4º ESO. Había que prepararse para la noche de difuntos.
La araña que he puesto para la ocasión me gusta y creo que la voy a dejar durante un tiempo. Lo digo para que a nadie le extrañe.
La popular fiesta de Halloween tiene su origen en antiguas costumbres celtas. Halloween era la última noche del año y se consideraba un momento propicio para examinar los presagios del futuro. Los druidas (sacerdotes celtas) encendían grandes hogueras, para rechazar a todos los espíritus malignos, que visitaban esa noche a los mortales.
Se suponía que los espíritus podían salir de los cementerios y apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar. Para evitarlo, los poblados celtas ensuciaban las casas y las "decoraban" con huesos, calaveras y demás cosas desagradables, de forma que los muertos pasaran de largo asustados. De ahí viene la tradición de decorar con motivos siniestros las casas en la víspera de Todos los Santos.
La tradición celta de encender hogueras en Halloween sobrevivió hasta épocas modernas en Escocia y Gales, y el concepto de fantasmas y brujas sigue siendo común en todas las celebraciones de Halloween. Los romanos, tras conquistar Gran Bretaña, añadieron a Halloween elementos de la fiesta de la cosecha celebrada el 1 de noviembre en honor a Pomona, diosa de los frutos y los árboles. Restos de la fiesta romana de la cosecha sobreviven en la costumbre, habitual en Estados Unidos y Gran Bretaña, de hacer juegos utilizando fruta, como sacar manzanas de un cubo de agua. En algunas partes de Galicia, se conserva la tradición de la calabaza encendida, se cuecen castañas con anís para que las ánimas del purgatorio y otros espectros se alimenten y se encienden pequeñas velas que flotan dentro de cuencos de agua y aceite. Cuando estas velas se han consumido se sabe que un ánima del purgatorio ha alcanzado por fin la luz.
En Todos los Santos, el mundo cristiano recuerda a sus muertos, para ayudarles a salir del Purgatorio y alcanzar el descanso eterno. Son muchas las costumbres rituales de la víspera de Todos los Santos; en España la más literaria es la de asistir a la representación de Don Juan Tenorio. Una parte de la obra está ambientada precisamente en la Noche de Difuntos y se ha convertido en tradición repetirla cada año en esta fecha.
No sé si recordaréis que el curso pasado por estas fechas escribí una historia sobre una bruja a la que no gustaba la música. El conjuro hizo su efecto y la bruja desapareció. Para celebrarlo, en vez de oir una música siniestra que evoque fantasmas y espíritus malignos, vamos a escuchar una canción que nos habla del divertido "día a día" de los muertos de un cementerio. ¿Os suena Mecano?
Aprovechando que se acerca la Noche de difuntos y que es el aniversario de un gran músico, hoy toca una de miedo.
El 27 de Octubre de 1782 nacía en Génova el gran violinista Niccoló Paganini. Vida de éxito, fama y gloria como músico... pero cuando falleció, el obispo de Niza negó el permiso para enterrarle en el cementerio y sus restos permanecieron 36 largos años en el frío sótano de un destartalado edificio.
¿Por qué el obispo no permitió que su cadáver tuviera un funeral cristiano? Porque Paganini era “El violinista del diablo”, o al menos así lo llamaba todo el mundo. Mucho antes de que su leyenda creciera, un testigo afirmó haberle visto invocar al diablo en una habitación en penumbra, y después prometerle la entrega de su alma a cambio de tocar como un ángel. La historia comenzó a correr de boca en boca como justificación de la impresionante técnica musical de un Paganini que era capaz de tocar el violín como ningún mortal. Nadie se explicaba como podía interpretar tan genialmente, ni cómo sus manos podían alcanzar esas inverosímiles posiciones. ¿Cómo podía tocar obras de gran dificultad sólo con una delas cuatro cuerdas del violín? Sólo un pacto con el Maligno lo justificaba.
Las entradas para sus conciertos se agotaban. Personas de todos los estratos estaban al tanto de la historia sobre el violinista que había entregado su alma al diablo y todos acudían a escucharle: Se presentaba a tocar con fuego iluminando el escenario.
De su violín salían notas prodigiosas y detrás de él todo parecía arder en llamas.
Entonces su figura crecía aún más. Se volvía un verdadero coloso.
Así lo veía el público. Flaco, alto, erguido, con las manos que parecían llegarle hasta las rodillas; de trajes deshilvanados, en jirones muchas veces,
su larga melena revoloteaba al mismo tiempo que su arco describía parábolas en el aire.
Sus largos dedos se comían el violín.
Tenía una apariencia fantasmagórica. Pese a su extraño aspecto físco, pálido, demacrado y con extremidades desproporcionadas, Paganini gozaba de la compañía de las mujeres más bellas. Tenía magia, emanaba algo de él. Después de una labor científica comparable a las de los CSI de Las Vegas, todos concluyeron que efectivamente, la leyenda era cierta. Pacto con Satanás fijo.
A él no le importó lo más mínimo y rehusó desmentir aquellos comentarios. Fue sin duda una buena, bonita y barata campaña publicitaria y vivió entre aplausos y éxitos toda su vida profesional. Consiguió todo lo que quiso: fama, fortuna, amor,...
Y ahora la gran pregunta: ¿venderías tu alma a cambio de tu más ardiente deseo? Si la respuesta es sí, aprovecha el fin de semana. Es Halloween.
Como se acerca la noche de difuntos os contaré una historia de miedo.
Escuchad la música mientras leéis.
Érase una vez una bruja. Pero una bruja de verdad. ¿Alguien ha visto alguna? No de esas de los cuentos con escoba y una verruga en la nariz, no. Una bruja con apariencia de persona; muy fea, eso sí, pero vestida de persona. Con su chepa, su barbilla prominente, su desagradable y desgarradora voz, su crueldad... sus pócimas...
Esta bruja era de la peor clase en la clasificación oficial de brujas, pues era envidiosa y torpe. A su paso los pájaros dejaban de cantar y las nubes oscurecían el cielo. Era capaz de enturbiar todo a su alrededor, de romper la armonía universal. Trataba mal a las personas a las que envidiaba y dedicaba su vida a hechizar con sus apestosos brebajes a los pobres imbéciles que se detenían a escucharla. Los convertía en ratoncillos asustados, en zombis que sólo se atrevían a asentir y realizar sus deseos, en gente a la que le habían robado el espíritu. Y ella nunca miraba a los ojos, porque quien no mira a los ojos es que tiene el alma sucia.
Cuando alguien se resistía a tomar sus maléficas pócimas y se enfurecía, se desataban las fuerzas del infierno: gritaba, arañaba, mentía y se tiraba de sus enmarañados pelos (feos, pese al esfuerzo de sus peluqueros). Y si no era suficiente para aterrorizar a todo el mundo así, le arrebataba la energía a aquellos que entorpecían sus abominables planes.
A esa bruja no le gustaba la música. La música es vida, luz y ánimo, pero ella prefería la oscuridad y la destrucción.
Seguro que estáis pensando ¿qué pasó con aquella bruja?; ¿apareció alguien que le dio su merecido?; ¿fue desterrada para siempre por los sonidos de dulces flautas que al unísono tocaban unos inocentes niños?
Querría deciros que sí, pero os estaría contando un cuento y yo sólo os había anunciado una historia. Todos tenemos a esa bruja cerca de nosotros. Y hay imbéciles que la escuchan. Y hay personajillos a los que acobarda.
No obstante, no debéis temerla: algunos hemos tomado el antídoto contra sus pócimas: somos más inteligentes que ella, más fuertes, más trabajadores, más jóvenes, y más guapos... y sabemos cantar y reir a carcajadas. No olvidamos que sigue ahí, siempre al acecho y sabemos que debemos mantenerla alejada y procurar que su horrible voz y sus engaños no nos alcancen. ¿Cómo?
Con honestidad, alegría y cariño.
Y como último recurso, recordad: la música la desbarata y la aturde.